Breve historia de Portugal

Monumento a los Descubridores

A pesar de no ser una nación demasiado grande en cuanto a extensión, Portugal se convirtió en una de las grandes potencias mundiales durante los siglos XV y XVI, gracias sobre todo a la Era de los Descubrimientos que le permitió crear un vasto imperio en ultramar.

Para empezar a hablar de Portugal tenemos que hacer alusión a su propio nombre, que procede del término romano Portus Cale, el primer asentamiento portugués propiamente dicho, situado en la desembocadura del Duero. De ahí derivó en la Edad Media a Portucale y, por último, Portugale.

Comenzamos nuestro recorrido por la historia de Portugal en la época romana. En el año 197 a.C los romanos crean en la actual España dos provincias para dividir la península: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. En ambos territorios convivían pueblos celtas que no estaban dispuestos a asumir el mando romano.

Entre estas tribus celtas estaban los lusitanos, uno de cuyos jefes fue el famoso Viriato. Buena parte de lo que hoy es Portugal formaba parte de la provincia de la Lusitania, cuya población se levantó en armas contra Roma durante la Guerra Hispánica. Todo acabó en el año 60 a.C, cuando Julio César acabó en Lisboa con el último reducto de resistencia lusitana.

Durante cuatro siglos Roma dominó la península, colocando a Emérita Augusta (la actual Mérida) como capital de la provincia de la Lusitania. Hasta que en el año 409 entran en Hispania los suevos, los bárbaros, los vándalos y los alanos, tribus de origen germánico que expulsan a los romanos.

A la provincia de la Lusitania llegaron concretamente los alanos, aunque fueron los suevos y los visigodos los que situaron su capital en Braga, al norte de la actual Portugal. Así bajo el mando visigodo permaneció toda la zona de la Lusitania hasta la llegada de los musulmanes, que cambió de nuevo por completo todo el panorama geográfico.

Los árabes entraron en la península en el 711. Apenas un año después caía ya la capital visigoda, Toledo, hasta que en el 716 lograron controlar todo el territorio, a excepción de algunos territorios del norte, que conformaron el Reino de Asturias, que se levantó contra el poderío musulmán en el 718 al mando de Don Pelayo.

A partir de aquí España se convierte en una sucesión de pequeños reinos cristianos que luchan contra el invasor. De entre estos pequeños reinos surge el Condado Portucalense, situado entre los ríos Miño y Tajo y que pertenecía al Reino de León. Fue precisamente Alfonso VI de León quien le entregó el condado a su yerno, Enrique de Borgoña.

Este Condado Portucalense fue el que, con el paso de los años, dio lugar al Reino de Portugal. Los sucesivos gobernantes del condado buscaron desde un principio su independencia, lográndolo en parte Afonso Henriques en 1128 tras derrotar en la Batalla de San Mamede a su propia madre, Teresa de León.

No fue sino hasta once años más tarde cuando, tras la Batalla de Ourique, Afonso fuese declarado rey. Mientras tanto había luchado tanto con los musulmanes como contra Alfonso VII de León y Castilla para lograr la independencia. Así, en 1139, surgía el Reino de Portugal, y en 1143 era reconocida oficialmente su independencia por el rey de León en el Tratado de Zamora.

El nuevo Reino de Portugal siguió luchando para expulsar a los musulmanes de sus territorios, cosa que no consiguió definitivamente hasta 1249. A partir de aquí se suceden un par de siglos de asentamiento tanto de los territorios como de la corona, que supusieron la antesala de la gran Era de los Descubrimientos.

Esta época de esplendor comenzó a principios del siglo XV, tras haber superado décadas atrás la terrible Peste Negra que asoló Portugal. A pesar de todo, el nuevo reino inició incursiones marítimas y territoriales por el norte de África, comenzando por Ceuta y Tánger, y continuando más tarde por toda la costa occidental africana.

Los portugueses, desde sus orígenes, siempre se habían caracterizado por ser un pueblo aventurero. A esto se le unía el afán de riquezas y nuevos descubrimientos que impregnó a los monarcas y la población, que veía con buenos ojos la llegada de otras historias y productos nuevos allende los mares.

Revolucion de los Claveles

Lugares como Madeira, Sao Tomé e Príncipe, Cabo Verde, Angola y Guine fueron rápidamente conquistados por las expediciones portuguesas. La corona seguía sufragando los gastos de estos viajes, hasta el punto de que pronto surgen grandes proyectos, como el de Vasco de Gama para descubrir el Océano Índico y la costa africana oriental hasta la India.

Con el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón, Portugal no quería ser menos, y puso rumbo hacia el Nuevo Mundo. En 1498 Duarte Pacheco Pereira llegó a Brasil, y a partir de aquí comenzaron a establecer diferentes colonias por todo su vasto territorio.

Fue así como Portugal comenzó a convertirse en uno de los centros comerciales más importantes del mundo. Su afán aventurero y su política de expediciones contribuyeron a su rápido crecimiento. Sin ir más lejos, su imperio colonial ha llegado a ser el más duradero de la historia.

Pero a partir del siglo XVI muchas colonias portuguesas (casi todas ellas estaban en la costa) comenzaron a ser atacadas con frecuencia por países como Holanda o Inglaterra, en la lucha fratricida que suponía el control comercial marítimo. La colonia menos afectada fue Brasil, a donde emigraron muchísimos portugueses en el siglo XVII.

A estas alturas Portugal ya había llegado a lugares tan remotos como la desembocadura del río Zaire, la tierra de Labrador en América del Norte, Calcuta, Terranova, China, la costa de California, Japón, Australia, las Nuevas Hébridas o los archipiélagos de la Polinesia. Todo ellos desde principios del siglo XV hasta los primeros años del XVII.

Portugal pasó a dominar así la costa occidental y oriental de África, creando el imperio portugués de Oriente con capital en Goa. Pero, si nos fijamos bien, todas las colonias de Portugal llegaron por mar, olvidándose por completo de las expediciones por tierra. De esta manera Portugal mantuvo el monopolio del comercio con Oriente hasta finales del XVI.

Portugal vivió en paz y abundancia hasta mediados del XVIII gracias a su imperio colonial. Los yacimientos de oro y diamantes de Brasil le proporcionaron riqueza suficiente como para subsistir sin problemas. Durante estos siglos fue creciendo el patrimonio monumental de sus principales ciudades.

Pero la Revolución Francesa de 1789 cambió por completo el panorama portugués. Apenas cinco años más tarde entra, junto con Inglaterra y España, en guerra junto con la Francia revolucionaria. La corte portuguesa se traslada a Brasil, ya que las tropas francesas invaden Portugal en 1807.

Aún así, y gracias a la ayuda británica, los franceses son expulsados de Portugal tanto en 1807 como en 1809 y 1810. Pero esta situación provocó que en Brasil y muchas colonias portuguesas se encendiera la actitud revolucionaria. El rey portugués tuvo que volver a Portugal en 1822, mismo año en el que Brasil proclamaba su independencia.

A la llegada del rey, Portugal instaura la monarquía constitucional. Aunque con esto no se acaban los problemas en el país, ya que el rey muere en 1826, complicando la sucesión al trono. En 1828 se instala el absolutismo y la lucha entre los liberales desencadena la Guerra Civil de 1832 a 1834.

Estas revueltas dan paso a un clima de estabilidad durante la segunda mitad del XIX, con algunos viajes de los exploradores portugueses al interior de África. Es por esta época, en la última década del XIX, cuando los republicanos comienzan a intentar implantar sus fórmulas de gobierno.

La monarquía cada vez estaba más contra las cuerdas, hasta el punto de que en 1908 el rey fue asesinado. Apenas dos años después se instaura la República. Poco después Portugal entre en la Primera Guerra Mundial junto a los Aliados, luchando principalmente en Angola y Mozambique contra los alemanes.

En 1926, tras el esfuerzo de la guerra y la dictadura de 1917-1918, surge la Segunda República, que no acabaría hasta 1974. Ese año, el 25 de abril, tuvo lugar la famosa Revolución de los Claveles, que propició la caída de la dictadura de Salazar, quien dominaba el país desde 1926.

Con esta revolución se conseguía que las últimas colonias portuguesas lograran su independencia y que la propia Portugal se convirtiera en un estado de derecho liberal. Así en 1976 se promulga la Constitución y se celebran elecciones para la Asamblea de la República.

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Foto 1 Vía Más Viajes más Riqueza

Foto 2 Vía El Otoño de la Historia

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