Portugal, recuerdos de un apogeo efímero

Claustro de los Jeronimos

Si alguna vez se tiene la oportunidad de realizar una visita a Portugal, una de las cosas que llaman más la atención es el característico estilo de arquitectura que predomina en esta región y que complementa perfectamente a los paisajes de este país ibérico.

Esta forma tan peculiar de arquitectura es conocida como el estilo Manuelino, estilo oriundo de Portugal que debe su nombre a que se desarrolló y logró su apogeo durante el reinado de Manuel I El Afortunado, en pleno siglo XVI, un período de gran prosperidad para este país.

Con la participación de Portugal en la investigación y colonización de los nuevos territorios descubiertos en América, los constantes viajes de Vasco da Gama en busca de nuevas rutas comerciales y la gran cantidad de descubrimientos realizados en estas dos empresas, el país entró en una etapa de apogeo nunca antes vista. Esto hizo que se convirtiera en uno de los países más importantes e influyentes de su tiempo, atrayendo a una gran cantidad de artistas de diferentes culturas.

De esta fusión de culturas nace el Manuelino, siendo una variación del estilo Gótico con influencias del Luso-Morisco o Mudéjar, el Plateresco español y la aplicación de muchos símbolos propios y motivos marítimos inspirados por los numerosos descubrimientos hechos en la época. Este estilo representa la transición del gótico tardío al Renacimiento, que ya aparecía en Italia.

Uno de los aspectos más representativos del Manuelino es la exuberancia en la ornamentación de su arquitectura. Entre los motivos más comunes que identifican a esta corriente podemos encontrar el uso de símbolos nacionales como la Esfera Armilar y la Cruz de la Orden de Cristo, elementos cristianos, figuras mitológicas como gárgolas y sirenas, frutos diversos y árboles secos, y muchos elementos de la vida marina como caracoles, sogas, nudos y redes.

Entre las obras más notables de este estilo se puede mencionar el Convento de Cristo, la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos, el Monasterio de Batalha, la Sala de los Escudos en el Palacio Real de Sintra, y muchas otras iglesias y palacios.

La influencia de esta corriente fue tan grande que además de las construcciones que se encuentran en Portugal, podemos encontrar rasgos de este estilo en las Islas Azores, el sur de España, el norte de África, principalmente en Marruecos, Brasil, India, China y en varias colonias españolas en América como Perú y México.

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