Museo Francisco Tavares Proença Júnior y su jardín

Museo Francisco Tavares Proenca Junior en Castelo Branco

Castelo Branco es una población portuguesa que es capital del distrito del mismo nombre en el Centro de Portugal, en la parte de Beira Interior Sur.

Cuando visites esta ciudad verás un lugar que ha crecido de una forma impresionante debido a la industria textil, sin embargo sigue manteniendo algunos lugares que recuerdan un pasado con su arquitectura hermosa y única que no te puedes perder.

Uno de estos lugares es el Museo Francisco Tavares Proença Júnior, que está en el lugar que solía ser el Palacio Episcopal del Obispo de Guarda. Toda esta hermosa edificación fue construida en el año de 1596 por órdenes de Nuno de Noronha, quien fue el obispo de este lugar entre los años de 1594 y 1608. Y solamente en su parte exterior ya puedes ver unas verdaderas joyas en las decoraciones y los detalles arquitectónicos.

Jardin del Palacio en Castelo Branco

El museo que se encuentra en la parte interior de este palacio fue fundado a principios de 1900 por Francisco Tavares Proença Júnior, de quien obtuvo su nombre y que es un personaje prominente de la arqueología. Allí tienes la oportunidad de ver restos arqueológicos desde el paleolítico hasta la Edad Media, tapices, arte sagrado de los siglos dieciséis al dieciocho, pinturas de la escuela portuguesa del siglo dieciséis y algunas colchas de seda bordadas, las cuales se siguen haciendo hasta la actualidad y que puedes comprar allí.

En las afueras de este museo puedes ver el Jardín del Palacio, que es uno de los más hermosos que puedes ver en esta ciudad y región de Portugal. Este lugar fue diseñado en el siglo dieciocho por el obispo João de Mendonça y tiene una forma que recuerda a aquellos jardines de estilo barroco de otros palacios en países como Francia y hasta Alemania, que parecen una especie de laberinto.

En diferentes lugares de este jardín tienes la oportunidad de ver varias estatuas que representan diferentes cosas. En ellas puedes ver a varios santos y apóstoles que están mirando el jardín desde diferentes lugares, así como leones de piedra que se ven reflejados en los lagos y pozos que lo adornan y diferentes monarcas portugueses vigilan las escaleras. Aunque en la actualidad es un poco más pequeño de lo que era antes, todavía es un lugar digno de admiración y perfecto para pasar algunas horas de tranquilidad.

Foto 1 Vía: Nuno Tavares
Foto 2 Vía: Youri Trugg



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