El tratado de San Ildefonso, fronteras en el nuevo mundo

Isla Santa Catalina

Portugal y España se vieron involucrados en conflictos sobre los límites de sus colonias en América prácticamente desde su descubrimiento en 1492. El primer tratado que intentó poner fronteras más o menos fijas a estas colonias, fue el tratado de Tordesilla, firmado en 1494. No obstante, la cartografía de esos días era bastante rudimentaria. Así, los límites que se establecieron en ese acuerdo inicial fueron interpretados de forma diferente por ambos países.

En el momento en el que Portugal se vio gobernada por la Casa de Austria, como España, el problema del territorio en América quedó olvidado. No obstante, pronto Portugal llegaría a su independencia, en 1680, y nuevamente comenzaron las maniobras hostiles.

Varios fueron los tratados a partir de ese momento que quisieron solucionar los problemas entre ambos países, el tratado provisional de Lisboa (1681), el tratado de Lisboa (1701) o el tratado de Utrecht (1715) entre otros. No obstante, ninguno de ellos consiguió que ambas partes llegaran a un acuerdo.

En 1766 el famoso y conocido Marqués de Pombal, promovió una expedición portuguesa que terminó ocupando los fuertes españoles de Santa Teresa, Santa Tecla y Montevideo. La respuesta de España no se hizo esperar, pues pronto movieron ficha tomando militarmente la isla de Santa Catalina y recuperando los territorios que los portugueses habían ocupado.

Finalmente, tras la muerte de José I de Portugal, en 1777, y el ascenso de su hija María I de Portugal, sobrina de Carlos III de España, llegó el tratado de San Ildefonso.

En este tratado se establecían varios puntos sobre los cuales ambos países estaban de acuerdo. Lo más importante de todo es que se intentaba mantener la paz entre ambos países, además, se aceptaba la liberación de todos los prisioneros durante los conflictos de territorio.

No obstante, los acuerdos más importantes, evidentemente, versaban sobre las propias fronteras. Para empezar, la frontera quedaba delimitada por la línea del curso de los ríos Chuy, laguna Merín, río Negro, río Uruguay, río Pepirí Gauzú, río San Antonio, río Iguazú, río Paraná, río Igurey, río Corrientes, río Paraguay, río Guaporé, río Madeira, río Negro y el río Orinoco. Además, dichos ríos contarían con una navegación libre, tanto para la flota española como portuguesa.

España se comprometía a abandonar la isla de Santa Catalina, siempre y cuando Portugal se negara a la entrada en su puerto de todos aquellos barcos que no fueran españoles o portugueses.

Por otro lado, ambos países debían negar la entrada a sus puertos a cualquier buque que procediera de enemigos de cualquiera de los dos, así como los barcos de contrabando.

Finalmente, tanto Portugal como España renunciaban a los derechos sobre todos los territorios de la otra parte.

El tratado supuso un verdadero acercamiento entre estas potencias, que tras siglos de lucha territorial parecía entenderse por fin. Dicho tratado sería ratificado en el tratado firmado en El Prado en el año 1778.

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Foto vía:  mundopaseos



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