Amelia de Orleans, la última reina de Portugal

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Amelia de Orleans es la última reina de Portugal, una figura de la historia el país de lo más interesante destacada por su fuerte posición de defensa y amparo de los más desfavorecidos, así como la tragedia que se vio obligada a afrontar con la muerte de su marido, Carlos I de Portugal y de su propio hijo, el príncipe Luis Felipe, heredero de la corona lusa.

La última reina consorte del país, nació fuera de sus fronteras, en Londres allá por 1865. Hija de Felipe, conde de París, y su esposa María Isabel de Orleans, infanta de España, tuvo una infancia feliz. No obstante, muy pronto se encontró con la cara más amarga de la vida, pues dos de sus tres hermanos varones fallecieron aun siendo niños, algo que marcó fuertemente el carácter de esta mujer.

Destacó por su belleza, siendo una importante candidata a ocupar el corazón de alguno de los monarcas europeos del momento. Su tía, la duquesa Clementina de Sajonia-Coburgo-Gotha, era consciente de su potencial. Así, fue ella misma quien enseñó la foto de su sobrina al príncipe heredero Carlos en la corte real de Lisboa. Así, en 1886, el Príncipe, completamente prendado con Amelia, se trasladó a Francia para conocer a la que sería su reina.

Del matrimonio nacieron tres hijos. Los primeros años fueron felices, así, además de una bonita familia, la entonces futura reina de Portugal mostró claramente su interés por los problemas sociales de su país. Con frecuencia visitaba los barrios más marginales, algo que no gustó demasiado a la aristocracia del momento. No obstante, ella jamás cambió su postura, llegando incluso a fundar dos organizaciones sociales: el Instituto Princesa Doña Amelia y la Asociación Nacional contra la Tuberculosis.

Fue proclamada reina consorte junto a su marido. No obstante, la felicidad pronto se esfumó. Las tensiones en el país desembocaron en un atentado en 1908 contra la Familia Real en la Plaza del Comercio de Lisboa. Dos republicanos atacaron y dispararon contra el carruaje real. El rey murió al instante, su hijo mayor fue herido de muerte y el hijo menor sufrió heridas en su brazo. La reina logró escapar de las garras de la muerte, pero en su interior algo había muerto.

Aunque intentó por todos los medios que su hijo pequeño fuera preparado para convertirse en el futuro rey, finalmente la Familia Real fue obligada a abandonar el país tras proclamarse la República de Portugal en 1910. Moriría en el exilio, en 1951 con 87 años y una amplia lista de tragedias vividas.

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